Fóbal 11 escritores + 11 ilustradores

$ 330

Autor: VV.AA.

Editorial: Estuario
Páginas: 168
Encuadernación: Rústica
Formato: 15 x 24 cm.
Fecha de Publicación: 09/2013

SKU: 9789974699540 Categoría:

Descripción

Cuadernos de Ficción II

Me parece que todavía lo veo. Sentado en el banco largo, de madera, viejo. Las medias bajas, las canilleras en la mano. El espejo gastado, roto, reflejando la presunción del final, la mirada cansada, la cara marcada. El olor a linimento. El sonido del goteo de la ducha que no cierra del todo y los charcos que genera en el vestuario. Lejos, el murmullo del partido, de una cancha de una ciudad perdida del interior de Santa Fe, pero que podría haber sido de cualquier pueblo del interior del Río de la Plata.

No fue el mejor cuento de fútbol que leí en mi vida (ese lugar lo sigue ocupando 19 de diciembre de 1971, de Fontanarrosa), pero es el que mas recuerdo. Será por esas raras jugarretas de la memoria. Será por que el último centrojás era uruguayo, o por que el primer ejemplo que daba para retratar la estirpe del viejo “5”, era Obdulio Varela caminando por el césped de Maracaná con la pelota abajo del brazo. Andá a saber por qué será, pero es. Capaz que porque recuerdo mi discrepancia con Sasturain sobre que el centrojás había muerto en el Mundial 58, con el argentino Rossi. Ni siquiera le aceptaba su segunda versión de que fuera el Tito Goncálvez, en el Peñarol del 66. A mí me lo había dicho clarito mi abuelo, una tarde que criticaba a Miguel Bossio mientras escuchábamos un partido de la selección por radio. El último centrojás murió en Alemania, en blanco y negro. Aquella tarde, Holanda le pintó la cara a un Uruguay que llegó con el pecho hinchado y no agarró a los holandeses ni pa’pegarles… Y la coincidencia en el año me da la razón. “El último centrojás” de Sasturain describe una tarde de noviembre del 74, el mismo año del mundial germano.

Para los que venimos de una generación ochentosa y futbolera, los cuentos de fútbol significan mucho. No había ocho cámaras, canales deportivos de cable, ni mucho menos rojadirecta.com. Estaba el Poliderportivo, la mágica radio y el Gráfico, porque las revistas uruguayas de fútbol vivían poco. Y los cuentos de fútbol. Con el agregado que nuestras madres los celebraban porque venían en envase de libro. Fueron años devorando a Fontanarrosa, Sasturain, Soriano, Asís. Mas grande, las recopilaciones de Valdano o los uruguayos que empezaron a aparecer. Y eso lo celebro especialmente. En mi recuerdo de niñez y adolescencia el único uruguayo que terciaba en la lista era el “Puntero izquierdo” de Benedetti. Sería porque no se editaban, porque en aquel tiempo letras y pelota se miraban de costado, con muchos prejuicios y algo de desprecio. O simplemente porque no se cruzaron en mi camino. También por eso celebro este libro. Porque suma a otras ediciones de cuentos de fútbol uruguayo que con los años han ido apareciendo. Y porque creo que incluso con la parafernalia tecnológica actual, pueden alimentar la magia de adolescentes y hasta niños, y tocar la fibra de la nostalgia de los que no lo somos.

Me parece que todavía lo veo. Aunque nunca lo vi, pero es parte de mi imaginario. Como ya lo son las historias que leerán a partir de ahora. Pasearán por campeonatos barriales centroamericanos, por canchas de poco pasto del interior y por torneos liceales de esos que muchos jugamos. Hasta se encontrarán con el marfileño Eboué en boca de un bebé. Bienvenidos. Y, como dice un amigo, abrazo de gol. (Gonzalo Delgado)

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