Humanismo médico

Humanismo médico

$ 650

Autor: Humberto Correa

Editorial: Fin de Siglo
Encuadernación: Tapa Blanda
Formato: 15  x 23 cm.
Fecha de Publicación: 10/2016

SKU: 9789974498488 Categoría:

Descripción

Humanismo médico es una modesta colaboración al esfuerzo de muchos, dirigido a revivificar ese ente universal, imprescindible, sapiente y hermoso. Es un esfuerzo por hacer que reverdezca en humildad, respeto, solidaridad y profunda empatía.

La medicina necesita revivificarse para abrazar nuevamente una visión sensible, completa, solidaria y dinámica del ser humano y de su propia esencia.

Ella nació como consuelo, esperanza, intención de alivio y cura frente a la angustia y el dolor. Durante milenios evolucionó muy lentamente, adquiriendo en su camino trazas de ciencia natural en base a la observación mil veces repetida de diferentes dolores. Según las épocas, las causas pasaban de manos de dioses caprichosos y cambiantes a espíritus invisibles y poderosos amos de la curación o la muerte.

Evolucionó en Oriente, en India y África. Se volvió más crítica y razonadora en Grecia. Los primeros años de su larguísima juventud fueron compasivos, mágicos y holísticos. En la Roma Imperial la voz de Escribonius Largus la hizo sinónimo de humanismo.

El Renacimiento le anunció un nuevo amanecer al poner al hombre en el centro de todas las cosas y el siglo xx le dio una talla de gigante poderosa al imbuirla de ciencia moderna, la cual le permitió penetrar muy hondamente el microcosmos biológico.

Hace muy poco, al abrigo de la ciencia y la técnica, la medicina se volvió adulta, maduró en eficiencia y comenzó a ser deslumbrante y poderosa. Pero se enamoró -como Narciso- de su propia grandeza (como les ocurrió a millares de sus cultores) y comenzó a perder el lugar que tenía en su corazón para el amor a los otros. La gloria del conocimiento biológico, de la excelsa clínica y del poder social ocupó en su corazón casi todo el espacio, desplazando los sentimientos de socorro, consuelo y compañía -incluso para aquello sin esperanza-. Así fue perdiendo el alma. Fue perdiendo esa capacidad maravillosa de, al mismo tiempo que intentar curar, recibir en su seno como en un recipiente cálido al otro en su dolor, su esperanza, su angustia y su confianza, aun cuando la cura no pudiera llegar.

Ella se ha mostrado en gran parte prescindente, soberbia y olvidada del hombre. Siempre se ha parecido a su madre, la cultura que la ha engendrado de cada sociedad y cada época. El alma de la medicina está herida y tiene frío, pero no está muerta.

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